La competencia continúa después de la cópula

En un grupo de cópula, varios machos pueden aparearse con una misma hembra. Pero conseguir copular no garantiza la paternidad: una parte decisiva de la competencia comienza después

La batalla invisible que puede decidir quién será el padre de la próxima cría

En el capítulo anterior hablamos de varios machos intentando aparearse con una misma hembra y descubrimos que ella no es una participante pasiva de esos encuentros.

Pero supongamos que uno de ellos finalmente consigue copular.

¿Ganó?

No necesariamente.

En las ballenas francas, una misma hembra puede aparearse con varios machos durante un período reproductivo, pero para el macho, lograr la cópula no garantiza la paternidad. Cuando distintos machos depositan sus espermatozoides en el aparato reproductor de una misma hembra, comienza una segunda competencia, completamente invisible para nuestros ojos.

La ciencia la conoce como competencia espermática.

Y en las ballenas francas alcanza proporciones extraordinarias.

Cuando competir no significa pelear

En muchas especies animales, los machos compiten directamente entre sí por el acceso a las hembras. Pelean con contacto físico, desarrollan armas, defienden territorios, defienden harenes o intentan impedir que otros machos se apareen.

Las ballenas francas siguieron otro camino evolutivo.

Aunque dentro de los grupos de cópula existe competencia por alcanzar una posición cercana a la hembra, no suelen observarse enfrentamientos violentos entre machos. La estrategia reproductiva está basada, en buena medida, en conseguir oportunidades de apareamiento y competir después mediante el esperma.

Por eso, cuando una hembra copula con distintos individuos, la competencia no termina en la superficie.

Simplemente cambia de escenario.

Los espermatozoides de diferentes machos pueden coincidir dentro de su aparato reproductor y competir por alcanzar y fecundar el óvulo. El macho que logró aparearse primero, el más grande o incluso el que permaneció durante más tiempo junto a la hembra no necesariamente será el padre.

En especies con este tipo de sistema reproductivo, la capacidad de producir y transferir grandes cantidades de esperma puede convertirse en una enorme ventaja evolutiva. 

Una tonelada dedicada a la reproducción

En las ballenas francas, la anatomía reproductiva masculina refleja una estrategia basada en múltiples apareamientos y una intensa competencia espermática

Si existe un dato capaz de mostrar hasta qué punto la evolución favoreció esta estrategia, está escondido dentro del cuerpo de los machos.

Las ballenas francas poseen testículos extraordinariamente grandes.

En la ballena franca del Pacífico Norte, una especie estrechamente emparentada con nuestra ballena franca austral, se registraron ejemplares cuyos dos testículos juntos pesaban 972 y 955 kilos. Es decir, cerca de una tonelada de tejido reproductivo. 

No se trata simplemente de una curiosidad anatómica.

El tamaño relativo de los testículos está relacionado con la estrategia reproductiva de la especie. Cuando las hembras se aparean con varios machos, producir una gran cantidad de espermatozoides puede aumentar las probabilidades de fecundación.

En términos evolutivos, la competencia dejó su marca en el cuerpo.

Mientras otras especies desarrollaron estructuras o comportamientos que permiten a los machos impedir el acceso de sus rivales a las hembras, las ballenas francas evolucionaron hacia una estrategia en la que buena parte de esa competencia continúa después del apareamiento. 

Más esperma, más posibilidades

La llegada y salida de distintos machos y los múltiples intentos de apareamiento forman parte de un sistema reproductivo en el que varios individuos pueden copular con una misma hembra

La lógica parece sencilla: cuantos más espermatozoides consiga introducir un macho, mayores podrían ser sus posibilidades frente a los de sus competidores.

Pero la competencia espermática es más compleja que una simple cuestión de cantidad.

También pueden intervenir la movilidad y supervivencia de los espermatozoides, el momento en que ocurre cada cópula y las condiciones que encuentran dentro del aparato reproductor femenino. En algunas especies, incluso el tiempo que los espermatozoides permanecen viables puede modificar las probabilidades de fecundación. 

Determinar exactamente cuál de estos mecanismos resulta decisivo en una ballena que puede medir más de quince metros y desarrolla gran parte de su comportamiento reproductivo bajo el agua representa un desafío enorme para la ciencia.

Por eso, todavía quedan muchas piezas por completar.

Una competencia que también explica lo que vemos

La competencia espermática permite comprender mejor algunas de las escenas que observamos durante los grupos de cópula.

La llegada y salida constante de machos, los múltiples intentos de apareamiento y la ausencia de un único individuo que monopolice durante largos períodos a una hembra no son comportamientos aislados.

Forman parte de una estrategia reproductiva en la que varios machos pueden tener oportunidades de copular con la misma hembra.

En la ballena franca del Atlántico Norte, por ejemplo, se han documentado grupos formados por una hembra y entre 2 y 40 machos. En esos grupos, que pueden prolongarse durante alrededor de una hora, se han registrado numerosas cópulas con distintos individuos, una evidencia consistente con una intensa competencia espermática. 

Incluso existe un registro de una hembra de esa especie copulando simultáneamente con dos machos, una observación excepcional que aportó nuevas evidencias sobre este sistema reproductivo. 

¿Y la hembra?

Después de la cópula, gran parte de la historia ocurre fuera de nuestra vista. La ciencia todavía investiga hasta qué punto la anatomía reproductiva de la hembra puede influir en el resultado

Después del capítulo anterior, la pregunta resulta inevitable.

Si sabemos que las hembras pueden desempeñar un papel activo antes y durante el apareamiento, ¿su influencia termina una vez producida la cópula?

La respuesta todavía no está completamente clara.

El aparato reproductor femenino de los cetáceos presenta una anatomía compleja, con pliegues y estructuras que comenzaron a estudiarse con mayor profundidad recién en las últimas décadas. Algunas investigaciones plantean que esas características podrían intervenir en el recorrido de los espermatozoides y, por lo tanto, influir en las posibilidades de fecundación de distintos machos. En el capítulo anterior vimos precisamente que muchas de estas funciones todavía continúan investigándose. 

La posibilidad de que una hembra pueda ejercer algún grado de selección incluso después del apareamiento abre una de las preguntas más fascinantes de la biología reproductiva.

Porque entonces la competencia no consistiría solamente en quién consigue copular, ni siquiera únicamente en qué espermatozoide llega primero.

El propio cuerpo de la hembra podría formar parte de la ecuación.

Una carrera que no podemos observar

Desde una embarcación podemos ver cómo se forma un grupo de cortejo, cómo ingresan y se retiran los machos, cómo cambia de posición la hembra y, en ocasiones excepcionales, incluso presenciar un apareamiento.

Después, todo desaparece bajo la superficie.

Pero la historia continúa.

En un escenario microscópico que nunca podremos observar durante un avistaje, los mecanismos que la evolución perfeccionó durante millones de años determinarán cuál de aquellos machos conseguirá finalmente transmitir sus genes.

Meses después comenzará a desarrollarse una nueva vida.

Y aproximadamente un año más tarde, una hembra regresará a las aguas protegidas de Península Valdés acompañada por su ballenato.

Detrás de esa cría habrá una historia que comenzó mucho antes de su nacimiento: varios machos, múltiples apareamientos y una competencia extraordinaria cuyo desenlace ocurrió completamente fuera de nuestra vista.

Todavía queda una sorpresa

Hasta ahora recorrimos los grupos de cópula, descubrimos el papel activo de las hembras y seguimos la competencia incluso después del apareamiento.

Parecería que todo comportamiento sexual de las ballenas debería conducir inevitablemente a una cría.

Pero no siempre es así.

En el último capítulo de La intimidad de las ballenas descubriremos que, entre los cetáceos, el sexo también puede formar parte del juego, el aprendizaje y las relaciones sociales.

Compartir:

Quizás te pueda intresar

Avsiatje de ballenas en Argentina Whales Argentina

Reserva tu avistaje

Viví una experiencia inolvidable con las majestuosas ballenas francas australes en su hábitat natural.

Temporada Ballenas 2026

🎉 ¡Beneficios exclusivos reservando por la web!

 ✅ Avistaje de Ballenas (Puerto Pirámides): 6 cuotas sin interés.

✅ Avistaje de Delfín Patagónico (Puerto Rawson). Para navegar hasta el 31/08: 50% OFF al reservar tu avistaje de ballenas.