Grupo de copula de Ballenas francas australes en Península Valdés. Foto: Instituto de Conservación de Ballenas
¿Qué ocurre cuando un millar de ballenas se encuentran en el Golfo Nuevo?
Cada invierno, quienes navegamos el Golfo Nuevo somos testigos de uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza. De pronto, varios machos se reúnen alrededor de una misma ballena. Uno emerge junto a la hembra, otro cruza por debajo de su cuerpo y un tercero aparece desde un costado. En cuestión de minutos, el grupo cambia por completo: algunos individuos se alejan, otros llegan y la escena vuelve a transformarse.
Para quien lo observa por primera vez, puede parecer una persecución desordenada. Sin embargo, detrás de ese aparente caos se desarrolla uno de los comportamientos más complejos de la biología de las ballenas francas australes: los grupos de cópula.
Lejos de ser encuentros casuales, estas agrupaciones forman parte del ciclo reproductivo de la especie y reflejan millones de años de evolución. Cada movimiento, cada inmersión y cada cambio de posición tiene un significado que la ciencia continúa descubriendo y que nos permite entender mejor cómo se reproducen estos gigantes del océano.
Mucho más que una reunión de ballenas
Los llamados “grupos de cópula” o “grupos de cortejo” son agrupaciones temporarias en las que varios machos se aproximan a una hembra receptiva para aparearse con ella.
Su composición cambia constantemente. Algunos machos abandonan el grupo después de unos minutos, mientras otros llegan para ocupar su lugar. En ocasiones participan tres o cuatro individuos, pero también pueden reunirse más de una decena de ballenas alrededor de una sola hembra.
Lejos de tratarse de un comportamiento agresivo, la mayor parte del tiempo estos encuentros consisten en una sucesión de aproximaciones, inmersiones, cambios de posición y contactos físicos cuidadosamente coordinados.
Desde la superficie, el grupo parece moverse como si siguiera una coreografía invisible. Bajo el agua, sin embargo, ocurre una compleja interacción entre individuos que solo recientemente comenzó a conocerse gracias a nuevas tecnologías como los drones y la fotografía aérea.
¿Por qué tantos machos siguen a una sola hembra?
La respuesta está en la biología de la especie.
Las hembras de ballena franca austral no quedan preñadas todos los años. En condiciones normales, tienen una cría aproximadamente cada tres años, ya que el embarazo dura cerca de doce meses y luego dedican otro año completo a amamantar y cuidar al ballenato. Recién después de ese enorme esfuerzo energético vuelven a estar disponibles para una nueva reproducción.
Eso significa que las oportunidades para que una hembra vuelva a reproducirse son relativamente escasas.
Cuando una hembra está receptiva, varios machos intentan aprovechar ese breve período fértil. Pero, a diferencia de lo que suele imaginarse, no siempre gana el más grande ni el más fuerte.
Las investigaciones realizadas durante las últimas décadas muestran que la reproducción de las ballenas es mucho más sofisticada de lo que se pensaba y que las hembras desempeñan un papel mucho más activo del que tradicionalmente se les atribuía.
Pero ese es solo el comienzo de la historia. En el próximo capítulo descubriremos por qué la verdadera protagonista de estos encuentros podría no ser quien imaginamos.
Una danza que puede durar horas
Los grupos de cópula pueden mantenerse activos durante varias horas e incluso cambiar de composición muchas veces a lo largo del día.
Mientras algunos individuos descansan brevemente, otros ingresan al grupo. La hembra puede modificar su posición, ponerse panza arriba, sumergirse o desplazarse lentamente mientras los machos la acompañan.
Desde una embarcación, cada encuentro es diferente.
Hay grupos que permanecen tranquilos en superficie y otros que muestran una intensa actividad con golpes de cola, aletas pectorales que asoman, respiraciones fuertes, frecuentes inmersiones y cambios bruscos de dirección.
Para un capitán con experiencia, estos movimientos cuentan una historia. La velocidad del grupo, la posición de la hembra, el ingreso de nuevos machos o la intensidad de las interacciones permiten interpretar el comportamiento de los animales y anticipar cómo evolucionará el encuentro.
¿Todos los grupos de ballenas son grupos de cópula?

No.
Durante la temporada pueden observarse distintos tipos de agrupaciones y cada una responde a comportamientos diferentes.
Las madres con sus crías suelen permanecer solas o acompañadas por uno o dos individuos. También es frecuente encontrar parejas de adultos desplazándose tranquilamente o grupos de juveniles interactuando entre sí mientras aprenden habilidades sociales que serán importantes durante su vida adulta.
Los grupos de cópula, en cambio, presentan una dinámica muy característica. Generalmente reúnen a una única hembra rodeada por varios machos que cambian continuamente de posición. La actividad suele ser intensa y el grupo se reorganiza una y otra vez.
Aprender a reconocer estas diferencias permite disfrutar mucho más del avistaje y comprender que cada encuentro responde a una etapa distinta de la vida de las ballenas.
Lo que no vemos también forma parte de la historia

Gran parte de las interacciones ocurre con los animales completamente sumergidos.
Durante muchos años, los científicos solo podían interpretar lo que sucedía observando a las ballenas desde embarcaciones. Hoy, gracias al uso de drones, cámaras aéreas y estudios anatómicos y genéticos, comienzan a descubrir detalles que permanecían ocultos.
Sabemos que estos encuentros son mucho más complejos de lo que durante décadas imaginamos. Lo que desde la superficie parece una simple competencia entre machos es, en realidad, un sofisticado sistema de interacción social y reproductiva, en el que cada nuevo descubrimiento revela comportamientos y estrategias que apenas comenzamos a comprender.
Cada nuevo estudio demuestra que los grupos de cópula constituyen un proceso moldeado por millones de años de evolución. Y quizá uno de los hallazgos más sorprendentes sea que las verdaderas protagonistas de esta historia no siempre son quienes imaginamos. Ese será el punto de partida del próximo capítulo de esta serie.
Un comportamiento que asegura el futuro de la especie
Aunque desde la superficie estos encuentros resulten espectaculares, su verdadera importancia va mucho más allá del momento que presencian quienes tienen la fortuna de observarlos.
Cada grupo de cópula representa una nueva oportunidad para que nazca un ballenato que, un año después, llegará junto a su madre a las aguas protegidas de Península Valdés. Es el comienzo de una historia que puede extenderse durante más de setenta años y abarcar miles de kilómetros de migración por el Atlántico Sur.
Por eso, observar estos comportamientos también implica una responsabilidad. Mantener distancias adecuadas, respetar las normas del avistaje y minimizar las molestias permite que las ballenas desarrollen uno de los momentos más importantes de su ciclo de vida con la menor interferencia posible.
La conservación no consiste solamente en proteger a las ballenas cuando nacen. También implica cuidar las condiciones que hacen posible que nuevas generaciones lleguen cada invierno a las costas de Península Valdés.
Mirar con otros ojos

La próxima vez que observes un grupo de cópula, probablemente ya no veas simplemente un conjunto de ballenas nadando unas junto a otras.
Estarás presenciando una de las etapas más importantes del ciclo de vida de la especie: un complejo proceso de interacción social y reproducción del que dependerán las futuras generaciones de ballenas francas australes.
Y quizás lo más sorprendente sea que, en esta historia, las verdaderas protagonistas no siempre son quienes imaginamos.
Próximo capítulo de la serie: ¿Quién elige a quién? El sorprendente poder de las hembras.



