Durante décadas, se pensó que las ballenas francas australes que llegaban a Península Valdés a parir y criar a sus ballenatos no se alimentaban durante su permanencia en estas aguas. Se creía que la alimentación quedaba reservada para sus viajes a las ricas aguas del talud y la región subantártica.
Hoy sabemos que esa visión estaba incompleta: las ballenas también se alimentan en el Golfo Nuevo, buceando a gran profundidad en busca de alimento de alta calidad.
Cámaras en el lomo de las ballenas
Un equipo de científicos liderado por la bióloga Valeria D’Agostino (CENPAT-CONICET), junto a Mariana Degrati, Mariano Coscarella y Ariadna Nocera (todos especialistas del CESIMAR-CONICET y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco), con el apoyo de la National Geographic Society, colocó CRITTERCAMs en ballenas francas australes para conocer cómo se alimentan.
Estas cámaras, que se adhieren con ventosas al lomo de las ballenas, nos mostraron un mundo oculto: las ballenas francas australes realizan buceos de entre 75 y 115 metros, alcanzando el fondo del golfo en busca de alimento.
Allí encuentran densas concentraciones de copépodos de gran tamaño y juveniles de algunas especies de krill, diminutos organismos marinos del zooplancton cargados de grasa y energía, capaces de sostener la fuerza de estas gigantes de más 40 toneladas.
Un banquete en el fondo del mar
Mientras en la superficie abundan organismos pequeños y dispersos, en el fondo del golfo se concentra hasta cinco veces más biomasa, con presas más grandes y nutritivas.
Por eso, antes de emprender su migración trófica o alimentaria, las madres descienden a esas profundidades oscuras para alimentarse mientras que, en la superficie, los ballenatos esperan solos.
Muchas veces se impacientan y comienzan a golpear el agua con sus aletas, como reclamando el regreso de su madre.
Cuando finalmente la hembra emerge y se reencuentran, el mar entero parece celebrar ese momento de unión.
Aunque la cantidad de zooplancton en Valdés es mucho menor a la de sus áreas de alimentación principales en el talud continental y la región subantártica, este “comedor patagónico” les permite reunir la energía suficiente para llegar hasta esos destinos más productivos donde recuperarán la masa corporal perdida durante los primeros tres meses de amamantamiento.
Madres, crías y aprendizaje
Uno de los hallazgos más emocionantes fue registrar que las crías acompañan a sus madres en buceos de hasta 100 metros.
Esta es la primera evidencia de que los ballenatos comienzan a explorar el fondo del golfo e una edad temprana, aprendiendo desde pequeños el arte de alimentarse en las profundidades.
Ciencia y turismo, aliados por la conservación
Para lograr este avance, la ciencia cuenta con aliados clave: Whales Argentina aporta sus embarcaciones como plataforma de investigación y colabora en la toma de muestras de plancton.
Este trabajo conjunto permite que el conocimiento científico llegue directamente a los turistas a bordo.
Gracias a investigadoras como Valeria D’Agostino, hoy podemos transmitir a cada pasajero que las ballenas no solo nacen y crecen en Valdés, sino que también se alimentan aquí, en un ecosistema que cumple un rol esencial en su historia de vida.
El mejor lugar del mundo para ver ballenas
Descubrir que Península Valdés es maternidad, escuela y comedor de ballenas francas australes nos invita a mirar este rincón de la Patagonia con otros ojos.
Cada buceo, cada golpe de aleta y cada reencuentro entre madre y cría nos recuerda que estamos frente a un espectáculo único en la naturaleza.
Todas estas características convierten a Península Valdés en el mejor lugar del mundo para disfrutar de las ballenas, aprender de ellas y comprender por qué es urgente preservar este hábitat que sostiene su vida y su futuro.
Viví la experiencia única de conocer a las ballenas junto a Whales Argentina y el Capitán Pinino. El mar guarda secretos increíbles, y nosotros te llevamos a descubrirlos.



