En el Golfo Nuevo, donde vemos ballenas todos los años, pensamos que ya nada puede sorprendernos. Sin embargo, hay conductas que ocurren bajo la superficie, fuera del alcance de quienes observan desde el barco, y que revelan un nivel de complejidad que todavía estamos empezando a entender.
Una de esas conductas es la alimentación cooperativa en círculo, un comportamiento raro, registrado científicamente por primera vez en este mismo golfo y que muestra cómo las ballenas francas australes pueden coordinarse para aprovechar un parche de alimento.
El hallazgo de 2014: cuando la cooperación se hizo visible
El 28 de agosto de 2014, mientras un equipo estudiaba la interacción entre ballenas y buques, ocurrió algo extraordinario: un grupo de al menos 40 ballenas adultas nadaba en dos círculos concéntricos de casi 1 km de diámetro, todas en la misma dirección, coordinadas y avanzando alrededor de un parche de zooplancton rojizo visible a simple vista.
Lo que parecía un agrupamiento grande terminó siendo el primer registro mundial de alimentación cooperativa en la ballena franca austral.
Lo ocurrido en 2014 no fue un evento aislado. En 2015 se registraron dos episodios adicionales: un grupo de cinco ballenas formando un círculo pequeño y luego diez ballenas, organizadas nuevamente en parejas en formación escalonada. Esto demuestra que la conducta es rara, pero real, y que puede aparecer cuando se dan las condiciones adecuadas.
Parejas en formación escalonada (echelon)

Al observar con detalle, los investigadores notaron que las ballenas no se movían al azar: se organizaban en parejas, usando una estrategia que en biología se conoce como formación escalonada (echelon). En esta formación, una ballena avanza medio cuerpo por delante de la otra, ambas alineadas hacia el mismo punto del círculo. Esa posición les permite coordinar el movimiento de manera precisa.
La ballena que queda del lado interno del círculo empuja el parche de alimento con su avance; la que queda del lado externo aprovecha esa concentración y filtra. Repiten la maniobra una y otra vez, manteniendo ritmo, distancia y dirección. Por primera vez, se observaba trabajo cooperativo para alimentarse en ballenas francas.
Qué estaban comiendo
El parche central era visible desde la superficie. Su color y comportamiento sugieren que podría tratarse de copépodos grandes, eufáusidos (krill) o incluso agregaciones de crustáceos decápodos como la langostilla Munida gregaria o el Peisos petrunkevitchi, ambos registrados en el Golfo Nuevo. Cuando el alimento está tan concentrado y accesible, cooperar tiene sentido: el costo energético de desplazarse es bajo en comparación con lo que ganan al filtrar repetidamente el mismo parche.
Cómo hacen las ballenas para encontrar la mancha

Aunque su sentido del olfato es rudimentario, las ballenas con barbas poseen un bulbo vestigial capaz de detectar señales químicas liberadas por el zooplancton, una forma de “olfato acuático” primitivo que les permite percibir la presencia de presas incluso a distancia. También detectan cambios en la densidad de partículas que pasan entre las barbas y utilizan los tubérculos sensoriales del rostro para percibir vibraciones finas en el agua. Pero, sobre todo, saben cuándo un parche vale la pena: la respuesta del flujo al filtrarlo les indica si la concentración es alta o baja. Lo que para nosotros puede parecer simplemente una ballena que gira sin motivo, para ellas es una lectura precisa del ambiente.
La alimentación circular dentro del ciclo de vida
La alimentación circular no ocurre aislada. Está ligada a los ciclos diarios del plancton, a la energía que necesita la especie para reproducirse y criar —recordemos que una hembra pierde hasta el 25% de su masa corporal durante los primeros meses de lactancia— y a la propia ecología del Golfo Nuevo. Cuando el parche está arriba, giran y filtran; cuando está abajo, bucean profundo y regresan con barro; cuando la abundancia es baja, recorren kilómetros hasta encontrar otra mancha.
Una nueva manera de mirar a las ballenas
Durante años pensamos que en Península Valdés las ballenas “solo venían a parir y a criar”. Responder la pregunta de si se alimentan aquí llevó casi una década de trabajo científico y tecnológico. Hoy sabemos que sí lo hacen, y de maneras más complejas de lo que imaginábamos.
La alimentación circular es una pieza más de una historia que sigue creciendo: ocurre bajo el agua, silenciosa y ordenada, mientras en superficie vemos soplidos, lomos y colas. Cuando una ballena gira una y otra vez en una misma área, en muchos casos lo que está haciendo es alimentarse. Lo que vemos desde el barco es apenas una parte mínima de lo que realmente sucede.
Gracias al trabajo de María Belén Argüelles, Carla Fiorito, Mariano Coscarella, Ana Fazio y Marcelo Bertellotti, del CESIMAR–CENPAT–CONICET, hoy entendemos un poco más el comportamiento de alimentación de las ballenas francas australes.
Y entender más nos da un motivo claro para seguir adelante: continuar apoyando y colaborando con quienes investigan, estudian y ayudan a revelar lo que todavía no vemos bajo la superficie.



