¿A dónde van las ballenas francas australes cuando se alejan de Península Valdés? Durante años, esa pregunta quedó sin respuesta. Pero hoy, gracias al seguimiento satelital, sabemos mucho más sobre sus viajes, sus zonas clave de alimentación y reproducción, y las amenazas que enfrentan en el océano abierto.
Una conexión satelital con el mar
Desde hace nueve temporadas, el proyecto Siguiendo Ballenas coloca transmisores satelitales en ballenas francas australes para seguir sus recorridos en tiempo real. La tecnología se adhiere cuidadosamente a cada ejemplar y se desprende de forma natural semanas o meses después, sin afectar su salud.
Este monitoreo, fruto de la cooperación entre instituciones científicas, organismos públicos y ONGs, permite estudiar en detalle cómo utilizan el Atlántico sudoccidental y los mares subantárticos.
“Los animales siguen regresando año tras año, algunos con crías. No hemos visto cambios en su comportamiento. Es una herramienta poderosa que nos da información sin generar impactos negativos.” Nos explicó el Dr. Mariano Coscarella, investigador de CESIMAR – CENPAT
Lo que descubrieron los satélites

Las rutas registradas son tan diversas como sorprendentes. Algunas ballenas se dirigen al sur, otras más al norte, pero todas migran hacia zonas profundas y alejadas: el talud continental, el Mar de Escocia, Georgia del Sur, las Islas Malvinas.
Muchas se detienen durante días o semanas en lugares clave para alimentarse, realizando lo que los científicos llaman búsqueda intensiva en áreas restringidas (ARS).
“Lo que más nos sorprendió fue descubrir que no hay una migración fija. Cada ballena decide su ruta según sus necesidades. Algunas incluso no van a la Antártida, sino que se quedan en el talud frente a Valdés, a 100 km mar adentro”, resaltó el Dr. Coscarella
El dato que cambió todo
Uno de los mayores hallazgos del proyecto fue cuando una ballena marcada en Sudáfrica apareció frente a las costas de Chubut.
“Eso fue un antes y un después. Siempre se pensó que las poblaciones de ballena franca de Sudáfrica y de Península Valdés estaban separadas, sin intercambio. Pero este registro demuestra que una misma ballena puede usar distintas zonas de cría”, explica Coscarella.
El descubrimiento, fruto de la colaboración internacional, obliga a repensar la conservación a escala global. Las ballenas no conocen fronteras. El océano es uno solo.
¿Por qué importa?

Porque conocer las rutas migratorias y zonas de alimentación permite protegerlas mejor. El seguimiento satelital ayuda a identificar ambientes críticos que necesitan ser conservados, y a alertar sobre riesgos como:
- el tráfico marítimo (colisiones)
- la exploración petrolera
- la contaminación
- los efectos del cambio climático
También permite entender fenómenos costeros, como la alta mortalidad de crías en Valdés, que podrían estar vinculados con lo que sucede en altamar, en las áreas de alimentación.
Un puente entre ciencia y conservación
El mayor desafío hoy es la financiación, pero el proyecto sigue adelante. Ya se está ampliando el seguimiento a otras especies como la ballena Sei.
“Ahora sabemos que no basta con conservar la costa. Hay que mirar con otros ojos todo el mar que las ballenas usan. Y tomar decisiones con esa mirada amplia.” Concluyó el Dr. Mariano Coscarella
🌐 Para más información sobre el proyecto, o para conocer la ruta detallada de cada ballena monitoreada, visitá: https://www.siguiendoballenas.org.
Las seguimos por satélite para entenderlas.
Las protegemos para que sigan regresando.
Pero nada se compara con verlas en persona.
Viví la experiencia en Península Valdés, donde la ciencia y la emoción se encuentran frente al mar. Te esperamos a bordo!



