Las ballenas francas australes se alimentan filtrando enormes cantidades de agua y pequeños organismos marinos.
El océano es mucho más que lo que vemos en la superficie. Bajo el agua, millones de organismos microscópicos forman parte de un delicado equilibrio natural del que también dependen las ballenas.
Cada año, mientras las ballenas francas australes brindan a pobladores y visitantes uno de los espectáculos naturales más emocionantes del planeta, bajo el agua ocurren procesos microscópicos que pueden afectar la salud de los animales más grandes del océano.
Uno de ellos es la marea roja, un fenómeno natural producido por microalgas capaces de generar toxinas que se incorporan a la red alimentaria marina.
En la primavera de 2022, una intensa floración algal en el Golfo Nuevo llevó a científicas del CONICET a investigar cómo determinadas toxinas naturales podían desplazarse dentro de la red alimentaria marina y alcanzar a grandes mamíferos marinos como las ballenas y los lobos marinos.
¿Qué es la marea roja?

La “marea roja” es el nombre popular que reciben algunas Floraciones Algales Nocivas (FAN): proliferaciones masivas de ciertas especies microscópicas de fitoplancton capaces de producir toxinas.
Aunque muchas veces el agua cambia de color, no siempre ocurre. Y aunque el nombre pueda sonar alarmante, se trata de un fenómeno natural que existe desde hace miles de años.
El problema aparece cuando esas toxinas ingresan en la cadena alimentaria marina.
De microorganismos a ballenas

Durante el evento de 2022, la floración estuvo dominada por dinoflagelados del complejo Alexandrium catenella/tamarense, productores de toxinas paralizantes. Las investigadoras analizaron muestras de fitoplancton, zooplancton, peces y mamíferos marinos para entender cómo viajaban esas toxinas dentro del ecosistema.

Los resultados mostraron algo clave: el mesozooplancton —pequeños organismos microscópicos de los que se alimentan las ballenas— actuó como un vector fundamental en la transferencia de toxinas hacia niveles superiores de la cadena alimentaria.
En otras palabras: las toxinas producidas por organismos microscópicos terminaron llegando a animales gigantes.
Ballenas alimentándose en medio del evento
Uno de los momentos más impactantes ocurrió el 23 de septiembre de 2022, cuando investigadoras observaron ballenas francas australes alimentándose activamente en superficie en el Golfo Nuevo. Al día siguiente apareció la primera ballena muerta.
Las muestras recolectadas posteriormente detectaron toxinas en materia fecal de ballenas vivas, demostrando que estuvieron expuestas durante ese período.
El estudio aportó evidencia sobre la exposición de estos animales a toxinas marinas durante ese período, permitiendo comprender mejor cómo funcionan estos procesos naturales dentro del ecosistema marino.
Un fenómeno que también alcanzó a lobos marinos
El mismo episodio coincidió con una mortalidad masiva de lobos marinos de un pelo (Otaria flavescens). En algunos casos, las investigadoras detectaron toxinas incluso en fetos de hembras preñadas, evidenciando transferencia materna durante la gestación.
Estos hallazgos ayudan a comprender cómo ciertos procesos naturales del océano pueden extenderse a distintos niveles de la fauna marina.
Lo que ya sabíamos sobre las ballenas y las toxinas
La relación entre ballenas y toxinas marinas no es nueva en Península Valdés.
Un estudio científico previo publicado en la revista Harmful Algae ya había demostrado que las ballenas francas australes estaban expuestas al ácido domoico —una neurotoxina producida por algunas microalgas del género Pseudo-nitzschia— mientras permanecen en el área de cría de Península Valdés.
Ese trabajo detectó toxinas en muestras fecales de ballenas vivas y confirmó que los copépodos —pequeños crustáceos del zooplancton— funcionan como vehículos de transferencia hacia las ballenas.
Incluso se registró una floración extremadamente intensa de Pseudo-nitzschia australis en el Golfo Nuevo, considerada una de las más importantes detectadas hasta ese momento en el Mar Argentino.
La importancia del monitoreo

Estos eventos también muestran la importancia del monitoreo científico y sanitario permanente en zonas costeras donde conviven fauna marina, actividad turística y comunidades humanas.
El trabajo interdisciplinario entre científicos, organismos de control y programas de monitoreo permite entender mejor estos fenómenos y seguir de cerca la salud del ecosistema marino.
Whales Argentina también colabora activamente en este tipo de investigaciones científicas mediante la recolección de muestras de plancton durante las salidas embarcadas. Estas muestras son remitidas al Laboratorio de Mamíferos Marinos de CESIMAR-CONICET para su análisis y estudio, contribuyendo al monitoreo del ecosistema marino de Península Valdés.

Un océano que cambia
Las científicas advierten que el cambio climático y las modificaciones ambientales podrían favorecer eventos más frecuentes e intensos de floraciones algales nocivas.
Y eso vuelve todavía más importante el monitoreo científico permanente en lugares como Península Valdés.
Porque muchas veces, los procesos más pequeños del océano son capaces de generar consecuencias enormes.
Y en el mar, incluso las ballenas dependen de lo que ocurre a escala microscópica.



