Pinino, el capitán de las ballenas

La curiosidad de un capitán cambió la historia de la ciencia en Península Valdés

En 1978, un joven buzo profesional llamado Ricardo “Pinino” Orri decidió dejar atrás la gran ciudad y echar anclas en el Golfo San José, donde se insertó en el ambiente de la pesca artesanal como buzo marisquero. No imaginaba entonces que su destino iba a estar unido para siempre a las ballenas francas australes. Lo que empezó como un oficio de mar se transformó en una misión de vida: observar, comprender y proteger a los gigantes del océano.

Con los años, Pinino se convirtió en Capitán Ballenero y referente del avistaje responsable. Fue uno de los creadores de la técnica patagónica, hoy reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Provincia del Chubut, que define la forma respetuosa de acercarse a las ballenas sin alterar su conducta.

Pero su mirada fue más allá del turismo. Desde su experiencia diaria en el mar, notó algo que desafiaba la creencia científica de la época: las ballenas si se alimentaban en el Golfo Nuevo.

“Yo las veía con la boca abierta, filtrando en superficie, y otras salían con barro en la cabeza después de bucear. Al principio nadie me creía -recuerda Pinino- pero decidí juntar pruebas.” 

De la observación a la evidencia científica

En el año 2005, Whales Argentina financió un proyecto de investigación junto a especialistas del CENPAT-CONICET, liderados por la doctora Mónica Hoffmeyer, para demostrar aquello que Pinino observaba en el mar: el forrajeo dentro del área de cría.

Aquel impulso de un hombre del mar abrió la puerta a una de las investigaciones más importantes sobre el comportamiento alimentario de las ballenas francas australes.


El equipo, integrado también por Alejandro Carribero, María Soledad Lindner, Vanesa Fulco y María Clara Menéndez, llevó a cabo las campañas científicas desde las embarcaciones de Whales Argentina, que se transformaron en verdaderas plataformas de investigación.

El trabajo culminó en una publicación en la Revista de Biología Marina y Oceanografía (2010), donde se confirmó por primera vez que las ballenas francas australes se alimentan en el Golfo Nuevo, aprovechando concentraciones densas de zooplancton —principalmente copépodos y eufáusidos juveniles— frente a Puerto Pirámides.

Ese estudio demostró que la biomasa de plancton podía ser hasta diez veces mayor durante los eventos de alimentación y describió buceos profundos, de hasta 80 metros, con madres y crías participando del comportamiento alimentario.

Ciencia y mar, una alianza de confianza

Mientras la ciencia aportaba tecnología y análisis, Pinino y su equipo sumaban algo igual de valioso: la experiencia cotidiana del mar. Él mismo fabricaba redes de muestreo, recolectaba heces de ballenas para análisis tróficos y ayudaba a establecer estaciones testigo en diferentes puntos de la bahía para comparar la abundancia de plancton en distintos momentos del año.

“La investigación formal permitió demostrar lo que nosotros ya habíamos comprobado empíricamente”, cuenta con orgullo.


“Las observaciones de la gente de mar fueron clave para abrir nuevas preguntas científicas. Pinino es un ejemplo de cómo esa experiencia cotidiana puede transformarse en conocimiento que trasciende”, señala Valeria D’Agostino, investigadora del CENPAT–CONICET.

Las observaciones de los capitanes que conviven día a día con las ballenas fueron decisivas: en más de una ocasión, los científicos programaron sus salidas a partir de los avisos de los guías, que detectaban a simple vista los signos del comportamiento alimentario: filtrado en superficie, buceos profundos o ballenas que emergían con lodo en la cabeza.

El legado que sigue navegando

Décadas después, las investigaciones lideradas por Valeria D’Agostino (CENPAT-CONICET) confirmaron mediante cámaras submarinas (CRITTERCAMs) que las ballenas bucean hasta 115 metros para alimentarse cerca del fondo, validando y ampliando aquellas observaciones pioneras.

El Capitán Pinino es un aliado clave para la ciencia: fue el primero en poner a disposición las embarcaciones de su empresa como plataforma de investigación. Desde ellas se han lanzado campañas, se han realizado muestreos de plancton, rescates de ballenas enmalladas y hasta desarrollo de equipos para registrar datos en el mar.

Para Pinino, ser capitán nunca fue solo llevar pasajeros a bordo. “Para mí, ser capitán no es solo mostrar ballenas: es también trabajar para que la ciencia las conozca más y podamos protegerlas mejor”, asegura.

Gracias a la colaboración continua entre Whales Argentina y la comunidad científica, Península Valdés se consolidó como un laboratorio natural único para el estudio y la conservación de las ballenas francas australes.

Hoy, con casi cinco décadas de experiencia, Pinino sigue navegando cada día. Es el capitán ballenero más antiguo en actividad, y su historia resume una verdad simple pero poderosa: la ciencia avanza cuando se escucha al mar y a quienes lo viven.

“Para mí, ser capitán no es solo mostrar ballenas: es también trabajar para que la ciencia las conozca más y podamos protegerlas mejor”, asegura.

Detrás de cada descubrimiento, hay una mirada curiosa

La de un hombre que convirtió su amor por las ballenas en conocimiento, y una empresa que hizo del turismo de avistaje una herramienta para la conservación.

Subite a bordo con Whales Argentina y viví la experiencia de conocer a las ballenas junto a quienes las ayudaron a contar su historia.

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