Bajo la superficie del Golfo Nuevo existe un universo de sonidos invisibles que recién ahora comenzamos a comprender.
Cuando pensamos en la ballena franca austral (Eubalaena australis), lo primero que se nos viene a la mente son sus saltos, sus acercamientos curiosos a las lanchas o la ternura de ver un ballenato junto a su madre. Pero bajo la superficie ocurre algo igual de fascinante: un océano lleno de voces invisibles que recién ahora empezamos a descifrar.
En Península Valdés, uno de los lugares más importantes del mundo para la reproducción de esta especie, las ballenas no solo se ven: también se escuchan. Y hoy, gracias a la ciencia, comenzamos a entender qué significan algunos de esos sonidos.
Escuchar a las ballenas en Península Valdés

En Puerto Madryn y Península Valdés, la bióloga Virginia Tortolini (CESIMAR-CONICET) desarrolla investigaciones sobre la ecología acústica de la ballena franca austral. Utilizando hidrófonos —micrófonos submarinos especialmente diseñados para captar sonidos bajo el agua— y drones que registran el comportamiento desde el aire, los investigadores pueden sincronizar imágenes y audio para entender cómo, cuándo y por qué vocalizan estos gigantes del mar.
Las ballenas son animales completamente adaptados a la vida acuática, que desarrollan todo su ciclo vital en el océano. En este ambiente, el sonido se convierte en la forma más eficiente de comunicación: viaja mucho más rápido y más lejos en el agua que en el aire.
Uno de los hallazgos más interesantes registrados en Península Valdés es la comunicación entre madres y crías. Los investigadores detectaron que las madres emiten sonidos graves y profundos, mientras que las crías responden con vocalizaciones algo más agudas. Lo que aparece en los espectrogramas es una especie de “diálogo” submarino.
Un intercambio íntimo y silencioso para nosotros, pero fundamental para mantener el vínculo entre la ballena y su ballenato.
Pero el mar no solo transmite las voces de las ballenas. También está lleno de sonidos producidos por la actividad humana: motores, embarcaciones, tráfico marítimo. Y allí aparece algo asombroso: las ballenas francas son capaces de ajustar sus vocalizaciones para seguir comunicándose en un océano cada vez más ruidoso.
¿Cómo vocalizan en las áreas de alimentación?
En Península Valdés, donde las ballenas se reproducen y crían, las vocalizaciones registradas suelen ser más graves y cortas.
Sin embargo, investigaciones recientes en Isla Elefante, al norte de la Península Antártica, detectaron vocalizaciones más agudas.
Los científicos creen que esto podría deberse a distintos factores:
- La necesidad de hacerse escuchar entre otras especies muy ruidosas, como los rorcuales comunes.
- Una función diferente del sonido en las áreas de alimentación respecto de las áreas de cría.
- La búsqueda de un “nicho acústico” propio en un océano lleno de sonidos naturales.
En otras palabras: las ballenas parecen cambiar su “acento” según el lugar donde se encuentran.
Un hallazgo reciente en la Antártida
En 2023, un equipo internacional confirmó mediante bioacústica la presencia de ballenas francas australes en Isla Elefante, una zona ubicada al norte de la Península Antártica.
El estudio analizó más de 1.800 vocalizaciones y permitió confirmar que estas ballenas llegan hasta allí para alimentarse, coincidiendo con grandes concentraciones de krill, uno de sus principales recursos alimenticios.
Los investigadores detectaron además algo sorprendente: las vocalizaciones registradas en esa región eran ligeramente diferentes a las registradas en Argentina.
Las frecuencias más agudas podrían ser una adaptación temporal al paisaje sonoro antártico, dominado por los potentes sonidos de otras grandes ballenas.
Es decir, igual que nosotros levantamos la voz en un lugar ruidoso, las ballenas también modifican la frecuencia de sus llamados para poder seguir comunicándose.
¿Las ballenas francas tienen un lenguaje como las orcas?

Las orcas poseen complejos repertorios vocales, verdaderos dialectos transmitidos entre generaciones.
Las ballenas francas australes, en cambio, tienen un sistema de comunicación más simple. Su sonido más característico es el “upcall”, un llamado breve y grave que funciona principalmente para indicar posición y mantener el contacto entre individuos.
También emiten otros sonidos cortos y graves asociados a la relación madre-cría y a diferentes contextos sociales.
Aunque no poseen un “lenguaje” complejo como el de las orcas, sí muestran una gran flexibilidad acústica: ajustan la intensidad y frecuencia de sus vocalizaciones según el ambiente.
En resumen: las orcas hablan dialectos; las ballenas francas se hacen escuchar.
¿Por qué importa estudiar sus voces?
La bioacústica permite estudiar a las ballenas sin invadir su espacio, incluso en lugares remotos y difíciles de observar como la Antártida.
Gracias a estas investigaciones hoy es posible comprender mejor:
- Sus rutas migratorias.
- Sus áreas de alimentación.
- Cómo afecta el ruido humano a su comunicación.
- Qué medidas pueden ayudar a protegerlas.
Cada grabación aporta una nueva pieza al rompecabezas de la vida de las ballenas.
Y cuanto más entendemos sobre ellas, más evidente se vuelve la necesidad de conservar el océano donde viven.
Ciencia hecha en Patagonia
Parte de la información utilizada en este artículo surge de investigaciones desarrolladas por Virginia Tortolini y el Laboratorio de Mamíferos Marinos de CESIMAR-CONICET, dedicados al estudio de la ecología acústica de la ballena franca austral en Península Valdés.
Escuchar la magia del mar

En Península Valdés no solo vemos a las ballenas: también las escuchamos.
Desde las embarcaciones —o incluso desde nuestras casas y oficinas junto al mar— podemos percibir su presencia con todos los sentidos.
El estruendo de un salto, cuyo ruido llega milisegundos después de ver la enorme silueta caer sobre el agua.
Los golpes secos de sus aletas contra la superficie.
El soplido: primero la inhalación, profunda y grave, parecida al sonido de una tuba, después, la exhalación, un estallido poderoso de aire condensado y comprimido que rompe el silencio del Golfo.
Y a veces, con algo de suerte, podemos escuchar alguna de sus vocalizaciones: ese lenguaje secreto que la ciencia recién comienza a descifrar.
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